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Toldos veranda recogidos bajo el techo de cristal de un restaurante, con el puerto al fondo
Complemento de techos de cristal

La sombra que le falta al cristal

Toldos veranda motorizados para techos de cristal, verandas y pérgolas en Cádiz. Instalados sobre techos nuestros y sobre techos que ya tienes.

Un techo de cristal resuelve la lluvia y el viento el primer día. El problema llega en julio: el vidrio deja pasar la radiación, la terraza acumula calor y a las cinco de la tarde no hay quien esté debajo.

El toldo veranda es la pieza que arregla eso. Por eso casi nunca se vende solo: se piensa junto con el techo, o se añade después, cuando el primer verano ya ha dejado claro que hacía falta.

Dónde va

Por fuera, por dentro o sin cristal

Las tres opciones existen y no son equivalentes. La diferencia está en si el calor se para antes o después de tocar el vidrio.

Por fuera

Sobre el vidrio

La lona para la radiación antes de que caliente el cristal, que es donde de verdad se gana. A cambio queda expuesta al viento y a la suciedad, así que el sensor y el cofre dejan de ser opcionales.

Por dentro

Bajo el vidrio

Más protegida y más fácil de mantener, pero el calor ya ha entrado: tamiza la luz y quita el deslumbramiento más que la temperatura. Es lo que se hace cuando por fuera no hay dónde anclar.

Sin cristal

Sobre pérgola o estructura

Sobre una pérgola de aluminio sin cubrir, el toldo hace de techo. Es más barato que acristalar, aunque no cierra igual: con lluvia fuerte no sustituye a una cubierta.
Ver pérgolas

Cómo funciona

Tres piezas y poco más

01

El cofre

Recogida, la lona queda cerrada dentro de un cofre de aluminio. Ahí no le da el sol ni se llena de polvo, que es lo que acaba con las lonas que quedan a la intemperie.

02

Las guías laterales

Por las guías circulan unos carros que arrastran el tubo delantero, que es donde va fijada la lona. La tensión constante la mantiene un cartucho alojado en el sistema —en el Zeus va sellado y no se toca—, y hay fabricantes que la resuelven con pistón de gas y otros con muelles dentro de la propia guía. Sin ella, a media apertura el viento haría ondear la lona contra el vidrio.

03

El motor

Este tipo de toldo es siempre motorizado: por el tamaño y por la posición no se fabrica en versión manual. Admite mando, sensores de sol, viento y lluvia, y control desde el móvil.

Medidas

Hasta dónde llega un paño

Cada fabricante tiene las suyas. Las de abajo son las del Zeus, de Saxun, uno de los sistemas que montamos, para que tengas con qué comparar cuando te pasen un presupuesto.

La línea

Hasta 5 o 7 m

Es el ancho del paño. Con dos guías se llega a unos 5 m; con una tercera guía intermedia, a 7 m, y las tres trabajan con tensión. Un techo mayor se reparte en varios módulos, cada uno con su cofre y su motor.

La salida

Hasta 6 m

Es lo que vuela desde el cofre. El máximo baja a 5 m cuando la línea pasa de 6, y en las versiones que se apoyan sobre portería propia se queda en 4 m. A partir de 4 m de salida el sistema pide rodillos intermedios.

La inclinación

De 0° a 30°

Se puede montar completamente horizontal: no hace falta pendiente mínima. El agua no se evacua por la caída sino por unos ollaos practicados en la propia lona, junto a la barra de carga.

Esquema de las sujeciones Zeus Pro y Zeus Pro Air, con la apertura mínima de 0 grados y la máxima de 30 grados
Las dos sujeciones del Zeus. La versión Pro Air se apoya en portería propia y es la que regula la inclinación entre 0° y 30°. Esquema de Saxun.
Detalle de los toldos veranda desplegados bajo el techo de cristal, junto al cerramiento acristalado
Toldos veranda bajo la cubierta acristalada, desplegados a media posición.
La lona

Es lo que más se nota, y lo que menos se pregunta

Aquí la lona no cuelga: trabaja en tensión permanente, y eso decide qué tejidos admite. Tanto, que los fabricantes la refuerzan cosiendo dos tiras de la misma lona a lo largo de la salida para que no se deforme.

La lona acrílica es la que montan prácticamente todos los sistemas: opaca, muy resistente al sol y con sombra de verdad, aunque corta la vista del cielo. Los tejidos técnicos microperforados —screen, soltis y equivalentes— dejan pasar algo de luz y de aire, pero no todos los sistemas los admiten: hay fabricantes que los desaconsejan expresamente en el veranda, justamente por la tensión a la que trabaja la lona.

Así que la pregunta no es solo qué tejido te gusta, sino cuál admite el sistema que vas a montar. Es de las cosas que conviene preguntar en el presupuesto, y lo enseñamos con muestras antes de pedir nada.

El color también trabaja: uno claro refleja más pero deslumbra por debajo, y uno oscuro absorbe más calor pero da mejor visión hacia el exterior.

Antes de dar precio

Lo que miramos en la visita

  • Qué techo hay. Fijo, móvil o pérgola, y de qué está hecho. De eso depende si el toldo va encima, debajo o no cabe.
  • Dónde se anclan las guías. Necesitan dos apoyos firmes y paralelos. Si el techo no los tiene, hay que añadirlos, y eso es parte del presupuesto.
  • La inclinación del paño. Los sistemas admiten de 0° a 30°, así que un techo plano tampoco es problema. Lo medimos igualmente porque condiciona el herraje y por dónde acabará cayendo el agua.
  • El ancho de cada paño. De ahí sale si tu techo se cubre con uno solo o hay que repartirlo en varios módulos, que es lo normal en cuanto crece la superficie.
  • La exposición. En primera línea el sensor de viento es obligatorio de hecho, y conviene lacado Qualicoat clase Seaside en la perfilería.
  • Si hay corriente cerca. Va motorizado, así que hay que prever por dónde entra la alimentación antes de montar, no después.

Preguntas frecuentes

¿Se puede poner en un techo de cristal que ya tengo?
Casi siempre sí, y es el caso más habitual: gente que puso el techo hace un par de años y descubrió el problema el primer verano. Lo que hay que comprobar es que existan dos apoyos firmes y paralelos donde anclar las guías. La inclinación no suele ser el problema: estos sistemas trabajan de 0° a 30°, o sea que valen también sobre un techo plano. Lo vemos en la visita, sea nuestro el techo o no.
¿Cuántos grados baja?
No damos un número porque sería inventado: depende de la lona, de la orientación, de si hay ventilación cruzada y de la hora. Lo que sí es cierto y comprobable es dónde se para el calor. Montado por fuera, la lona intercepta la radiación antes de que caliente el vidrio; por dentro, el cristal ya se ha calentado y lo que ganas es sombra y menos deslumbramiento, no tanta temperatura.
¿Y con el levante?
Se recoge, y conviene saber a partir de cuándo. Estos toldos se clasifican por la norma UNE-EN 13561, y un veranda de este tipo suele quedar en clase 2, unos 38 km/h; algunas combinaciones de línea y salida bajan a clase 1, unos 28 km/h. Eso es viento moderado, no temporal: aquí se pasa de ahí varias veces al año. Por eso el sensor no es un accesorio, y por eso un paño grande aguanta menos y conviene repartir el techo en varios módulos.
¿Qué mantenimiento tiene?
Poco, pero tiene. Limpiar la lona con agua templada y un paño suave, sin productos abrasivos, y mantener las guías libres de arena y hojas, que es lo que agarrota el sistema. Y una revisión del motor y de la electrónica una vez al año. Con eso, una lona de calidad pasa de diez años sin problema.
¿No me conviene mejor una pérgola de lamas?
Son cosas distintas. Si ya tienes un techo de cristal y solo te sobra el calor, el toldo es la solución barata y directa. Si todavía no has cubierto nada y quieres poder abrir el techo entero, entonces sí, mira las pérgolas bioclimáticas o los techos móviles antes de decidir. Te lo decimos en la visita aunque nos convenga menos.

¿Tienes un techo de cristal que en verano no se puede usar?

Visita técnica gratuita en toda la provincia, sea nuestro el techo o no.