
Un techo que no se abre, y por eso se ve entero
Cubiertas fijas de vidrio para terrazas, porches y patios en Cádiz. Fabricación a medida y montaje con equipo propio desde el taller de Conil.
Un techo fijo de cristal cubre y ya está. No tiene motor, no tiene carriles y no hay nada que se pueda atascar dentro de diez años. Lo que da a cambio es lo que a un techo móvil le cuesta: menos perfilería cruzando la vista y un precio bastante más bajo.
Es la opción sensata cuando lo que quieres es cubrir de verdad —lluvia, hojas, levante— y no te hace falta poder destaparlo. Con una condición: en Cádiz, un techo de cristal sin protección solar se convierte en un invernadero en julio. Eso hay que resolverlo desde el principio, no el verano siguiente.
Estructura de aluminio y vidrio, poco más
Sin perfiles horizontales
Los paños de vidrio apoyan sobre las vigas, sin travesaños cruzando en medio. Desde abajo se ve el cielo entero, que es la diferencia con una cubierta de paneles o de policarbonato.
Juntas y desagüe
Entre la perfilería y el vidrio van gomas que cortan el paso del agua, y el agua que recoge la cubierta baja por los propios perfiles hasta los pilares. No hay canalón a la vista.
Carril para el toldo
La perfilería puede llevar de fábrica un carril donde montar después un toldo de palillería o una tira de LED. Es la razón práctica para decidir la protección solar antes de fabricar.
Adosado o autoportante
La diferencia no es estética: cambia dónde va la carga y, con ella, el trámite y el precio.
Apoyado en la fachada
Un lado se ancla al muro de la casa y el otro va sobre pilares. Es lo habitual sobre un porche o una terraza pegada a la vivienda, y lo más económico porque ahorra media estructura.
De pie por sí solo
Con pilares en las cuatro esquinas, sin tocar la casa. Es lo que se hace en mitad del jardín, junto a la piscina, o cuando la fachada no admite anclaje o no se quiere perforar.
A un agua, a dos o en cascada
La caída se resuelve según el hueco y según por dónde interese evacuar. Los pilares suelen llevar regulación de altura para absorber los desniveles del suelo.

Aquí es donde se decide el verano
El vidrio de una cubierta es siempre laminado, por seguridad: si rompe, queda pegado a la lámina y no cae. A partir de ahí hay opciones, y no son un capricho.
El vidrio de control solar lleva una capa que refleja parte de la radiación antes de que entre. Cuesta más y se decide en fábrica, no se puede añadir después. El doble acristalamiento con cámara aísla además del calor y del frío, pero pesa más y obliga a dimensionar la estructura en consecuencia.
Y está la vía barata y muy eficaz: vidrio normal más toldo veranda sobre el carril. Casi siempre es la combinación que recomendamos, porque además se puede recoger cuando no hace falta.
Lo que miramos en la visita
- Dónde apoya. Si va adosado, qué hay en la fachada para anclar; si es autoportante, cómo está el suelo donde caen los pilares.
- Adónde va el agua. Una cubierta de veinte metros recoge mucha agua en un aguacero. Hay que decidir por dónde sale antes de montarla, no después.
- El vuelo que necesitas. La proyección máxima sin apoyo intermedio la marca cada sistema; en los que trabajamos llega hasta unos siete metros, pero no es igual en todos.
- La orientación. A poniente, la protección solar deja de ser opcional. De ahí sale si va vidrio de control solar, toldo, o los dos.
- Si vas a cerrar los lados ahora o más adelante. Preverlo cuesta poco; añadirlo sin haberlo previsto, bastante más.
- Los metros que cubres. Marcan el trámite: exento por debajo de 5 m², declaración responsable de 5 a 20, y licencia de obra mayor por encima.
Preguntas frecuentes
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