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Techo fijo de cristal a dos aguas sobre la terraza de una villa, visto desde arriba, con la piscina al lado
Techos fijos de cristal

Un techo que no se abre, y por eso se ve entero

Cubiertas fijas de vidrio para terrazas, porches y patios en Cádiz. Fabricación a medida y montaje con equipo propio desde el taller de Conil.

Un techo fijo de cristal cubre y ya está. No tiene motor, no tiene carriles y no hay nada que se pueda atascar dentro de diez años. Lo que da a cambio es lo que a un techo móvil le cuesta: menos perfilería cruzando la vista y un precio bastante más bajo.

Es la opción sensata cuando lo que quieres es cubrir de verdad —lluvia, hojas, levante— y no te hace falta poder destaparlo. Con una condición: en Cádiz, un techo de cristal sin protección solar se convierte en un invernadero en julio. Eso hay que resolverlo desde el principio, no el verano siguiente.

Cómo es

Estructura de aluminio y vidrio, poco más

01

Sin perfiles horizontales

Los paños de vidrio apoyan sobre las vigas, sin travesaños cruzando en medio. Desde abajo se ve el cielo entero, que es la diferencia con una cubierta de paneles o de policarbonato.

02

Juntas y desagüe

Entre la perfilería y el vidrio van gomas que cortan el paso del agua, y el agua que recoge la cubierta baja por los propios perfiles hasta los pilares. No hay canalón a la vista.

03

Carril para el toldo

La perfilería puede llevar de fábrica un carril donde montar después un toldo de palillería o una tira de LED. Es la razón práctica para decidir la protección solar antes de fabricar.

Cómo se apoya

Adosado o autoportante

La diferencia no es estética: cambia dónde va la carga y, con ella, el trámite y el precio.

Adosado

Apoyado en la fachada

Un lado se ancla al muro de la casa y el otro va sobre pilares. Es lo habitual sobre un porche o una terraza pegada a la vivienda, y lo más económico porque ahorra media estructura.

Autoportante

De pie por sí solo

Con pilares en las cuatro esquinas, sin tocar la casa. Es lo que se hace en mitad del jardín, junto a la piscina, o cuando la fachada no admite anclaje o no se quiere perforar.

A medida

A un agua, a dos o en cascada

La caída se resuelve según el hueco y según por dónde interese evacuar. Los pilares suelen llevar regulación de altura para absorber los desniveles del suelo.

Toldos de palillería recogidos bajo un techo de cristal, montados sobre el carril de la propia perfilería
Toldo de palillería montado sobre el carril del propio techo.
El vidrio

Aquí es donde se decide el verano

El vidrio de una cubierta es siempre laminado, por seguridad: si rompe, queda pegado a la lámina y no cae. A partir de ahí hay opciones, y no son un capricho.

El vidrio de control solar lleva una capa que refleja parte de la radiación antes de que entre. Cuesta más y se decide en fábrica, no se puede añadir después. El doble acristalamiento con cámara aísla además del calor y del frío, pero pesa más y obliga a dimensionar la estructura en consecuencia.

Y está la vía barata y muy eficaz: vidrio normal más toldo veranda sobre el carril. Casi siempre es la combinación que recomendamos, porque además se puede recoger cuando no hace falta.

Antes de dar precio

Lo que miramos en la visita

  • Dónde apoya. Si va adosado, qué hay en la fachada para anclar; si es autoportante, cómo está el suelo donde caen los pilares.
  • Adónde va el agua. Una cubierta de veinte metros recoge mucha agua en un aguacero. Hay que decidir por dónde sale antes de montarla, no después.
  • El vuelo que necesitas. La proyección máxima sin apoyo intermedio la marca cada sistema; en los que trabajamos llega hasta unos siete metros, pero no es igual en todos.
  • La orientación. A poniente, la protección solar deja de ser opcional. De ahí sale si va vidrio de control solar, toldo, o los dos.
  • Si vas a cerrar los lados ahora o más adelante. Preverlo cuesta poco; añadirlo sin haberlo previsto, bastante más.
  • Los metros que cubres. Marcan el trámite: exento por debajo de 5 m², declaración responsable de 5 a 20, y licencia de obra mayor por encima.

Preguntas frecuentes

¿Fijo o móvil?
Depende de si vas a querer destaparlo. Si la respuesta es «casi nunca», el fijo gana: cuesta menos, no tiene motor ni carriles que mantener y deja la vista más limpia. Si en verano quieres cenar bajo las estrellas y en invierno tenerlo cubierto, entonces es un techo móvil y hay que pagar la diferencia. Lo que no recomendamos es poner fijo pensando en cambiarlo luego.
¿No se convierte en un horno en verano?
Si lo pones sin protección solar, sí, y es el error más común. Por eso lo planteamos desde la primera visita: vidrio de control solar, toldo sobre el carril de la perfilería, o ambos. El toldo suele salir más a cuenta y además se recoge, así que en los meses en que agradeces el sol lo tienes disponible.
¿Cómo se limpia un techo de cristal?
Por fuera, con agua y jabón neutro desde una escalera o con pértiga, un par de veces al año; en zona de pinos o palmeras, más. Lo importante no es el cristal sino mantener libres los desagües de los perfiles: cuando se obstruyen con hojas es cuando el agua busca por donde no debe.
¿Aguanta el granizo y el levante?
El vidrio laminado de cubierta está pensado para eso y, si rompe, no cae en trozos porque queda adherido a la lámina intermedia. Con el viento el punto crítico no es el vidrio, es el anclaje y el vuelo: cuanto más sale la cubierta sin apoyo, más trabaja. Es lo que dimensionamos según lo expuesto que esté.
¿Y si quiero cubrir sin cristal?
Entonces mira el panel sándwich: es opaco, aísla mucho más y cuesta menos, pero renuncias a la luz cenital. Y si lo que quieres es controlar el sol sin renunciar a abrir, la opción es una pérgola bioclimática de lamas orientables. Son tres productos distintos y en la visita te decimos cuál encaja, aunque no sea el más caro.

¿Qué quieres cubrir?

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